Diñot nikMarch 31, 2005 8:15 am
Una de las cosas que más me jode, por mí mismo, es hacerme a la idea de que me tengo que dormir pronto y a la hora de la verdad entretenerme y sobarme a las 12. Sobre todo cuando a las 6 y media suena la trompeta. Aún y todo, hay veces que esto se sobrelleva mejor a pesar de que se cague uno en todo cuando se le parte por la mitad la fase de sueño profundo.
Hoy es un buen ejemplo.
Ni siquiera acabé de ver la película, tuve la fuerza de voluntad suficiente para dejar 40 minutos a las sábanas y postergar el disfrute final (espero) para hoy. Pero creo que la impresión que capte es suficiente, la forma en que se cuenta le desarrollo personal de Ernesto Guevara de la Serna durante su viaje por Latinoamérica consiguió atraer mi atención como no lo han hecho muchas películas. Se nos muestra desde un punto de vista personal y, al parecer, bastante cercano a lo que fue la realidad de este viaje iniciático, el carácter y la evolución de un joven que sale harto de su vida en Buenos Aires y que ya apunta cierta inquietud aún por definir, y cómo va tomando forma dentro de él algo que lo convertiría en una de las figuras claves del siglo XX. Gael García Bernal hace creible el personaje, todo hay que decirlo.

La película presenta una persona de extrema honestidad y valores humanos quizá innatos, una persona que a medida que el viaje va tomando un cariz distinto al que no tanto el propio Ernesto como su amigo Alberto Granados había querido atribuirle encuentra dentro de si una fuerza y una necesidad por “hacer algo más”. La primera parte del viaje no va más allá de una entretenida narración de las aventuras y desventuras que corren hasta pasar a Chile, salpicadas de ciertos elementos introductorios que más tarde tomarán forma real y explicación, como la propia nobleza de Ernesto. Los paisajes, el marco natural, como en toda la película, son grandiosos y nos van describiendo en silencio y sin alardes la belleza de las tierras australes, de Los Andes y de la Patagonia.
Cuando Ernesto y Alberto dejan la Argentina entran en contacto por primera vez con lo indigena, con lo puramente americano. Este primer contacto se acompaña con un primer retazo de injusticia captado por Ernesto en las palabras del joven mapuche que viaje junto a ellos en la camioneta. A partir de aquí la narración entra en otra fase diferente, se empiezan a sacar a la luz situaciones injustas que llevan a los dos viajeros, pero sobre todo a Ernesto Guevara, a un cambio interno, a una toma de consciencia y al cuestionamiento de un orden que, por desconocimiento, nunca había puesto en duda.
Sin duda la película tiene fases de puro documental ficcionado para mostrarnos con el mayor realismo posible las escenas que viviron los viajeros y donde conocieron de primera mano el testimonio de los indígenas en Cuzco y el altiplano. Un amigo mío me decía, antes de que viera esta película, que le parecía que se daba la impresión de que el Ché se acercaba a todo esto como un turista, como de manera alejada. Puede ser, pero tal vez porque esa fue la manera real en que lo hizo, al fin y al cabo, él era un privilegiado, una persona que viajaba por placer y que estaba tomando contacto con algo hasta entonces desconocido para él. Quizá no podía acercarse de otra manera. a no ser que dejara de viajar. Por supuesto, quizá como me decía él el fallo es simple hecho elegir este tema, porque resulta imposible reflejar un proceso tan complejo sin caer en la simpleza. Puede ser, pero la película a mí me ha enganchado.
Desde luego, la película tiene cosas que fallan, el ritmo de la narración a mí me ha resultado inmejorable y capaz de llevar al espectador, pero a veces suceden cosas que resultan, digamos, extemporáneas, que no vienen a cuento, que estropean el tono. La mención que hace Ernesto a su compañero en Machu Pichu cuando este le habla de crear un partido indigenista y rebelarse como Tupac Amaru, acerca de que “es de locos hacer la revolución sin tiros” está totalmente fuera de lugar, encajada al parecer para situar el pensamiento del Ché pero sin ninguna ligazón con los elementos anteriores o posteriores de la narración; la actitud que toma ante la injusticia con los mineros es un cliché, poco creible. Fallos que quizá le impiden ser una película tal vez redonda.
En fin, podría seguir, pero todavía no he acabado de verla, así que como diría aquel “hasta aquí puedo leer”.
Hoy es un buen ejemplo.
Ni siquiera acabé de ver la película, tuve la fuerza de voluntad suficiente para dejar 40 minutos a las sábanas y postergar el disfrute final (espero) para hoy. Pero creo que la impresión que capte es suficiente, la forma en que se cuenta le desarrollo personal de Ernesto Guevara de la Serna durante su viaje por Latinoamérica consiguió atraer mi atención como no lo han hecho muchas películas. Se nos muestra desde un punto de vista personal y, al parecer, bastante cercano a lo que fue la realidad de este viaje iniciático, el carácter y la evolución de un joven que sale harto de su vida en Buenos Aires y que ya apunta cierta inquietud aún por definir, y cómo va tomando forma dentro de él algo que lo convertiría en una de las figuras claves del siglo XX. Gael García Bernal hace creible el personaje, todo hay que decirlo.

La película presenta una persona de extrema honestidad y valores humanos quizá innatos, una persona que a medida que el viaje va tomando un cariz distinto al que no tanto el propio Ernesto como su amigo Alberto Granados había querido atribuirle encuentra dentro de si una fuerza y una necesidad por “hacer algo más”. La primera parte del viaje no va más allá de una entretenida narración de las aventuras y desventuras que corren hasta pasar a Chile, salpicadas de ciertos elementos introductorios que más tarde tomarán forma real y explicación, como la propia nobleza de Ernesto. Los paisajes, el marco natural, como en toda la película, son grandiosos y nos van describiendo en silencio y sin alardes la belleza de las tierras australes, de Los Andes y de la Patagonia.
Cuando Ernesto y Alberto dejan la Argentina entran en contacto por primera vez con lo indigena, con lo puramente americano. Este primer contacto se acompaña con un primer retazo de injusticia captado por Ernesto en las palabras del joven mapuche que viaje junto a ellos en la camioneta. A partir de aquí la narración entra en otra fase diferente, se empiezan a sacar a la luz situaciones injustas que llevan a los dos viajeros, pero sobre todo a Ernesto Guevara, a un cambio interno, a una toma de consciencia y al cuestionamiento de un orden que, por desconocimiento, nunca había puesto en duda.
Sin duda la película tiene fases de puro documental ficcionado para mostrarnos con el mayor realismo posible las escenas que viviron los viajeros y donde conocieron de primera mano el testimonio de los indígenas en Cuzco y el altiplano. Un amigo mío me decía, antes de que viera esta película, que le parecía que se daba la impresión de que el Ché se acercaba a todo esto como un turista, como de manera alejada. Puede ser, pero tal vez porque esa fue la manera real en que lo hizo, al fin y al cabo, él era un privilegiado, una persona que viajaba por placer y que estaba tomando contacto con algo hasta entonces desconocido para él. Quizá no podía acercarse de otra manera. a no ser que dejara de viajar. Por supuesto, quizá como me decía él el fallo es simple hecho elegir este tema, porque resulta imposible reflejar un proceso tan complejo sin caer en la simpleza. Puede ser, pero la película a mí me ha enganchado.
Desde luego, la película tiene cosas que fallan, el ritmo de la narración a mí me ha resultado inmejorable y capaz de llevar al espectador, pero a veces suceden cosas que resultan, digamos, extemporáneas, que no vienen a cuento, que estropean el tono. La mención que hace Ernesto a su compañero en Machu Pichu cuando este le habla de crear un partido indigenista y rebelarse como Tupac Amaru, acerca de que “es de locos hacer la revolución sin tiros” está totalmente fuera de lugar, encajada al parecer para situar el pensamiento del Ché pero sin ninguna ligazón con los elementos anteriores o posteriores de la narración; la actitud que toma ante la injusticia con los mineros es un cliché, poco creible. Fallos que quizá le impiden ser una película tal vez redonda.
En fin, podría seguir, pero todavía no he acabado de verla, así que como diría aquel “hasta aquí puedo leer”.
